Marilyn Monroe y su vestido blanco
05.08.2012

En una cálida noche de septiembre de 1954, durante la filmación de la película “The Seven Year Itch”, en las calles de Nueva York. Alrededor de cinco mil espectadores esperaban ansiosos la siguiente toma. Sus silbidos y sus gritos transformaban la expectativa en un caos emocionante. El maquillista Allan Whitey Snider  toma una brocha, retoca la frente de Marilyn Monroe y le dice en broma “Ve con los lobos …”. Se observa la espalda de la estrella temblando de nervios mientras camina lentamente hacia su marca sobre los respiraderos del metro y la multitud se estremece. Joe Dimaggio, el jugador de baseball y su actual esposo, ha tenido suficiente y enfurecido deja la escena. Los ventiladores se encienden y… ¡Acción!  “¿Sientes la brisa del metro, no te parece deliciosa?” dice Marilyn, mientras el viento le levanta el vestido blanco hasta la cabeza. Los fotógrafos y el público se vuelven locos. Ella sonríe y el momento se congela para siempre.

Cuando la mayoría de la gente piensa en Marilyn lo primero que viene a su mente es una caricatura tergiversada por los años. Al dejarse llevar por las historias sensacionalistas y los rumores mal contados es muy probable que uno se pierda la historia de una mujer que estaba increíblemente adelantada a su tiempo. Gracias a que ella  intervino, la cantante de jazz Ella Fitzgerald pudo cantar en el club nocturno Mocambo, dejando muy clara su postura en contra  del racismo. Y fue de las primeras estrellas en Hollywood es cuestionar publicamente por qué en Los Ángeles no había un museo de arte.

Entre las personas que trabajaron con Marilyn estuvo William Travilla, un diseñador de vestuario para cine, teatro y televisión, que la vistió en ocho de sus películas más famosas como en “The Seven Year Itch”, “Gentlemen Prefer Blondes” y “Some Like it Hot”. De hecho el diseñó el mítico vestido blanco, que en realidad y para sorpresa de muchos, era color hueso.

Al momento de que el director Billy Wilder hizo casting para su película “The Seven Year Itch” supo que tenía en Marilyn a la actriz perfecta para representar el papel de la sensual vecina que -sin quererlo- trastorna la mente de un patriarca quien vive la crisis de la mediana edad mientras que su familia se encuentra de vacaciones. Travilla estaría a cargo del vestuario y cuentan que terminó los bocetos en un fin de semana. El diseñador creía que el vestuario de una película tenía que contar una historia, más allá de la película per se, y esta vez estaba particularmente inspirado. No sólo por la alegría de trabajar con Marilyn sino porque Nueva York era su ciudad favorita y estaba seguro de saber cómo evocar su espíritu en un guardarropa.

La actriz confiaba en los métodos de William para construir sus vestidos. Utilizando fibras naturales, seguros e incluso en algunos casos, estructuras metálicas ocultas, sus diseños eran genialidades arquitectónicas con siluetas espectaculares. Travilla tenía todos los trucos bajo la manga. Por su parte, él siempre respetó la opinión de la actriz. En especial por una anécdota que cuenta cuando la rubia tomó prestado un vestido dorado para la entrega de premios Photoplay del 53, contra la voluntad del diseñador quien pensaba que el vestido era demasiado sexy para la vida real.  Sin embargo Marilyn, al utilizarlo, evidenció su genio para la autopromoción y las relaciones públicas consiguiendo portadas y menciones en varios tabloides. Ojo, muy a pesar de la actriz Joan Crawford, quien públicamente expresó que había sido una de las apariciones más vulgares que había visto.

Cuando Travilla comenzó a diseñar el vestido blanco sabía, desde que recibió el guión, que en algún punto de la película tendría que hacerlo volar con el aire del metro. Entonces necesitaba encontrar una tela lo suficientemente ligera para que fluyera hermosamente al caminar y además lo suficientemente pesada para que cuando tuviera aire desde abajo creara un movimiento interesante. Esto se logró con un crepé de rayón y acetato  que, a pesar de que el diseñador no gustaba de usar fibras sintéticas, tenía la textura perfecta para ser fluido y aun así retener el plisado de la falda.  Cuando Diana Vreeland, editora de Vogue en los 60s, años después acusara a Travilla de haber comprado el icónico vestido, los patrones y bocetos originales exoneraron al diseñador; quien se habría inspirado en el New Look -cintura ceñida y falda amplia- de Christian Dior.

La escena se grabó en locación, en plenas calles de la Gran Manzana, sin embargo los gritos de los admiradores dejaron el material inutilizable por lo que tuvo que re-filmarse en un foro. Si bien el vestido y la escena sirvieron como promoción de la película y se convirtieron en imagen icónica del Siglo xx, fue la gota que derramó el vaso para que su esposo Joe Dimaggio, un hombre de moral estricta, le solicitara el divorcio. Marilyn, por su parte, con el corazón roto decidió quedarse en Nueva York a replantear su carrera. Hizo lo que ninguna estrella hasta entonces se había atrevido: empezar desde cero. Se alistó en el Actor’s Studio de Lee Stratsberg para perfeccionar su arte y así conseguir el respeto que creía merecer entre los estudios que la trataban como una rubia boba.  Para cuando regresó a Hollywood, enfundada en un vestido negro sin escote, una periodista le preguntó si acaso ésa era la “Nueva” Marilyn a lo que la actriz respondió: “Soy la misma persona, sólo es un vestido diferente…”

Hoy 5 de agosto son 50 años de su muerte.

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Texto David Allegre

Fotos Archivo George Zimbel

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